A mediados de los noventa comencé a ganar modestos premios literarios y a colaborar en fanzines con relatos, ensayos breves y poemas. El Melocotón Mecánico, Hojas de Morera, Nitecuento…  Las primeras cosas las escribía a máquina—una olivetti—, las mandaba por correo físico y luego quienfuese maquetaba, editaba y mandaba los ejemplares a librerías, suscriptores y colaboradores. Ya había ordenadores y algo de internet, pero las cartas y los sobres con las colaboraciones o los fanzines, iban y venían. Enseguida pasamos a lo digital y los fanzines fueron mermando, dando paso a multitud de webzines. Tras mi mudanza a Sevilla, fui cambiando la literatura por los audiovisuales.

Quizá lo más reseñable, o al menos de lo que más estoy orgulloso es de que 1999 me dieron un premio de accesit en el IV Certamen de Composición Filosófica Moderatto de Gades, también de que en el 2000 fui finalista en los Premios Ignotus en la categoría de obra poética y en el 2002 recibí una mención de honor en el II Concurso internacional de poesía del Instituto Cultural Latinoamericano.

Para cerrar esta etapa, me autoedité tres obras que venían a ser un recopilatorio de todo lo publicado junto a algunas cosas nuevas. Querido Noktario: un poemario ilustrado, Nunca nadie sabrá nada de nosotros: una novela corta que inicialmente se publicó por capítulos en algunos fanzines y Relatos de la Mugre: relatos cortos.