En 1995 hice un fanzine, Grita!, que no duró más de tres números ni llegó más allá de amigos de amigos, pero que me ayudó a perder el miedo a compartir mis inquietudes y a darme cuenta de que quería escribir. En 1996, al ganar un premio de relato de mi instituto, me animé a participar en otros certámenes y a colaborar en fanzines de toda España con relatos, poemas y artículos.

Tuve varios premios, aunque los que me produjeron mayor orgurllo fueron un accesit en el IV Certamen de Composición Filosófica Moderatto de Gades en 1999, ser finalista en el 2000 en los Premios Ignotus en la categoría de obra poética y recibir una mención de honor en el II Concurso internacional de poesía del Instituto Cultural Latinoamericano en 2002.

Las primeras colaboraciones las escribía a máquina—una olivetti— y las mandaba por correo físico. Ya había ordenadores y algo de internet, pero las cartas y los sobres con las colaboraciones o los fanzines, iban y venían. Fueron unos años apasionantes, pendiente siempre del buzón y visitando asiduamente Correos, pero, en cuanto se consolidó internet, los fanzines fueron desapareciendo o transformándose en webzines. Dejé de mandar y recibir cartas, me mudé a Sevilla y dejé mi olivetti atrás. Me centré en los audiovisuales y Otros proyectos

Pensé que no volvería a escribir, así que, para cerrar esta etapa fanzinera, me autoedité tres obras que venían a ser un recopilatorio de casi todo lo publicado —excepto artículos y entrevistas— junto a algunas cosas nuevas. Un poemario, una novela corta y un libro de relatos: Querido Noktario, Nunca nadie sabrá nada de nosotros y Relatos de la Mugre.

Algunos de los fanzines, revistas y webzines en los que colaboré fueron: Er Bisho, Hojas de Morera, Poesía salvaje, Nitecuento, El Melocotón Mecánico/Valis, Aula y Pensamiento, Amalgama, Cine fantástico, Oxygen, Cabrasola, Quinta Dimensión, El Navegante, Acropolix, Margen Cero…